Una simple hoja en el suelo, enganchada a los adoquines, peleando por no ser arrastrada o lo que será su irremediable destino. Por cierto, precioso destino pues las hojas de los árboles, cuando se desprenden, nutren el suelo donde nacieron y con su esencia contribuyen a que el árbol del que formaban parte vuelva a cubrirse de hojas. Ciclo perfecto.
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